El nivel de discriminación que todavía existe en
nuestro país para con las personas discapacitadas es sencillamente
inaceptable. No solo en el ámbito de la accesibilidad que en ocasiones es
inexistente y en otras, deficiente, o en el campo laboral en donde una persona
con necesidades especiales tiene mucho más dificultad para encontrar un empleo,
sino también en el ámbito educacional.
Esta
es la difícil situación que estuve viviendo con mi familia en días pasados y
que muchas otras familias de nuestro país, callan. Increíblemente un
número de colegios de mi ciudad (cuyos nombres me reservaré por el momento), le
negaron la admisión a mi hija pequeña por ser una paciente de Osteogénesis
Imperfecta, sugiriendo buscar colegios “especiales” o “inclusivos”,
solicitándome diagnósticos médicos y otros documentos para someter su
inscripción al comité de directivos.
En principio no tenía
deseos de escribir al respecto porque el nivel de impotencia y frustración que
sentía era demasiado, pero en este tipo de circunstancias es
necesario levantar la voz.
Por
fortuna y gracias a Dios, Milk and Honey Academy, nos ha abierto las puertas
para que Luna reciba una educación de calidad en un ambiente realmente
inclusivo, porque la inclusión va mucho más allá de poner un hashtag en las
redes sociales; la inclusión es luchar por la igualdad y las mismas
oportunidades para todos.
Quisiera terminar por
agradecer a las decenas de personas que me han contactado a través de las redes
sociales y por teléfono para solidarizarse y expresar su apoyo ante esta
situación y de manera muy especial al H.D.S. Agustín Sellhorn, quien sin yo
habérselo pedido, valientemente elevó este tema a la Asamblea Nacional de
Diputados.
La lucha
por la #inclusión es un tema que nos concierne a todos.
El
4 de noviembre, día de nuestra Bandera Nacional, salí a ver a mi hija marchar
con su colegio en La Chorrera.Llegué temprano
y me ubiqué a orilla de la carretera, en el lugar que me pareció más cómodo
para ver desde mi silla de ruedas el espectáculo.
Al
finalizar la tarde, algunas horas después, si alguien me hubiera preguntado qué
escuelas vi, qué me parecieron los uniformes coloridos de los diferentes
planteles o las coreografías de las banderolas y batuteras, no hubiera podido contestar; a pesar de estar allí desde
temprano me perdí el desfile y estoy seguro que así como yo, muchos se lo
perdieron también.
Gráfico de los desfiles patrios
No
solo la gente no respetó mi rango de visión ubicándose al frente sin reparo,
sino que para mi sorpresa había una cantidad desmesurada de acompañantes con
cada escuela que iban haciéndole “guardia” a ambos lados de la calle,
obstaculizando la visión de todo el mundo.
El
desorden fue tan grande que al final, todos terminaron invadiendo la avenida,
entorpeciendo el objetivo de la fecha; tanto así, que no faltaron incidentes en
donde estudiantes golpearon involuntariamente con sus acrobacias a espectadores
por falta de espacio.
Mi línea de visión. Obsérvese la linea de la orilla de la calle.
Es
increíble que seamos tan desconsiderados con el prójimo.Imaginen cuantos ancianos y personas con
discapacidad les resulta imposible ver un desfile por comportamientos como
este.Tenemos que concientizarnos en temas
de inclusión aún en los que parecen no ser importantes.
Necesitamos
encontrar soluciones a todos estos temas; proponer ideas como por ejemplo:
1. Que los acompañantes de
los planteles circulen detrás de los espectadores
2. Colocar cintas perimetrales
para que las personas no invadan el área en donde los estudiantes marchan
3. Crear zonas para
espectadores sentados.
Acompañantes en media calle metidos entre la banda de música y los diablicos que danzan al fondo.
Por
mi parte, para poder ver a mi hija, tuve que pedir permiso y pararme casi que
al medio de la carretera.Fue la única
escuela que vi, al menos para mí fue la más importante.
Hace
algunos meses compartí en este mismo blog, una malísima experiencia que tuve en
el Hospital Nicolás A. Solano de la Ciudad de La Chorrera. Gracias a mis lectores, quienes compartieron
mi postel
mensaje llegó a más de catorce mil personas y a algunos miles más pude llegar a
través de invitaciones que recibí de algunos medios de comunicación como el programa Punto de Encuentro.
En términos
generales no lo hice para causar problemas; quienes me conocen saben que muy
poco utilizo los parqueos para personas con discapacidad o hago valer mi
derecho de pasar primero en las filas.
Sin
embargo, posterior al nacimiento de mi hija Luna, me siento comprometido e identificado
con luchar por las personas con necesidades especiales, no por mí, sino por los
miles de niños que necesitan de todos estos derechos para tener una mejor
calidad de vida.
El día de ayer (1 de agosto de 2017) fui con mi esposa a Westland Mall a hacer algunas compras. Entramos por el segundo piso en la parte de
atrás porque es donde están los estacionamientos más cómodos. Fuimos a Conway y después de comprar algo, también
en el segundo piso, nos dirigimos a Farmacias Arrochas a comprar algunas cosas
más.
Eran
las 7:38 p.m. cuando llegamos a la puerta del segundo piso (el horario es hasta
las 8:30 p.m.), la cual encontré, como siempre, cerrada. He aquí un pantallazo probando que el video fue tomado
exactamente a esa hora.
Les dejo el video del recorrido que tuve que
realizar para poder acceder a este local.
Creo
que las personas con discapacidad merecemos que se respeten nuestros
derechos. Tener que hacer todos estos largos
recorridos (como el que tuve que hacer en el Hospital Nicolás A. Solano) para
entrar o salir de un sitio es una violación de los mismos. Las estructuras y accesos existen para
utilizarlos y la ley nos ampara. Hacer
una rampa, tener un elevador o una vía de acceso y obstruirla es como si la
misma no existiera.
Hay
una discriminación silenciosa contra las personas con necesidades especiales
cuando no hay rampas, cuando los ascensores y accesos están cerrados o cuando alguien
utiliza nuestros parqueos sin necesitarlos.
Es tiempo de que lo reconozcamos y que así como otras minorías tienen
tanto apoyo en sus causas la comunidad también se una a la nuestra.
Estoy
seguro que en otros países algo como esto pudiera acarrear una demanda pero en
nuestro bello Panamá, no, lo único que nos queda es documentar y compartir en las redes sociales para
que se hagan los correctivos porque situaciones como esta suceden todos los días.
Finalmente
quiero felicitar y reconocer a Conway y a todos los almacenes que mantienen sus
accesos abiertos para que los utilicemos; merecen un premio.Y,
por supuesto, agradecerle a mi hermano, Omar Munóz por llevarme en todo este
engorroso proceso.
El día de ayer nació el primogénito de uno de
mis mejores amigos en el Hospital Nicolás A. Solano de La Chorrera. Tuve la dicha de ser su padrino de bodas por
lo cual quise ir entre los primeros a conocer al recién nacido.
Llegué al Hospital a eso de las 6:00 p.m. en
compañía de mi padre, mi esposa e hija, estacionamos en el parqueo de personas
con discapacidad y subí, empujado por mi papá, la rampa para dirigirme a la
puerta que conduce a los ascensores.
Cuando llegué a la misma me percaté de que estaba cerrada con cadenas
obstaculizando el acceso al área de los elevadores.
Posterior a eso pensé en dirigirme hacia la
otra puerta para acceder al área. Me daba un poco de temor debido a que para
llegar a la misma tenía que bajar una escalera de 6 escalones y luego subir otra
de 6 más. Aquellos que me conocen saben
que soy un paciente de Osteogenesis Imperfecta (Huesos de Cristal) y caerme es
siempre un riesgo serio. De igual forma,
bajo la lluvia con las escaleras mojadas y en compañía de mi papá, lo hicimos.
Para mi sorpresa, al llegar a la otra puerta
de la Sala principal de espera, también estaba cerrada desde adentro,
lo cual me pareció no solo ilógico sino discriminatorio debido a que el único acceso
hacia las salas de los pacientes es a través de una escalera de varios niveles
la cual es prácticamente imposible de subir en silla de ruedas sin ayuda de
varias personas, sin contar los peligros para mí de caer en la misma. Aquí le dije a mi señora que fuera a conocer
al bebé porque yo realmente no tenía muchas esperanzas de llegar a tiempo. Mi padre muy frustrado ya, fue en busca de
algún personal de seguridad para conseguir que abrieran la puerta del lugar.
Tuve que quedarme solo en el sitio por más o menos
30 minutos en compañía de un perrito callejero, mientras mi padre ubicaba al Jefe de Seguridad del Hospital, el Sr.
Ismael, quien en principio se negó a abrir la misma por razones de seguridad sugiriendo
que entráramos por la parte de atrás del Hospital, específicamente por el área de
urgencias, lo cual no solo es incoherente sino inaudito, teniendo en cuenta que
para hacerlo hubiera tenido que volver a transitar las mismas escaleras, que mi
padre me subiera al automóvil, conducir a la rampa de emergencias (en donde es
prohibido estacionar para bajar debido a que es un área solo para ambulancias),
bajarme allí, esperar a que mi padre parqueara el auto en la
parte de atrás del hospital y después ir a la sala de visitas. En fin, totalmente incoherente.
Al regresar mi padre, tuvimos que esperar
otros 10 minutos más para que el Sr. Ismael llegara para atendernos desde el
otro lado de la puerta, sin abrirla, hasta que le sustentáramos hacia donde nos dirigíamos y el por qué íbamos
a visitar a la paciente, aparte de otras tantas preguntas innecesarias de índole
personal. Finalmente accedió permitirnos
el paso como si nos estuviera haciendo un favor para ver él bebé de mi amigo “por
uno o dos minutos” en sus propias palabras, que a esas alturas era el tiempo
que quedaba de visita.
Al final pude subir a conocer al recién nacido
y después de un minuto bajé. Sin embargo
lo más sorprendente del asunto no es esto, sino que al bajar me encontré la
puerta nuevamente cerrada con llave y sin señales del Sr. Ismael o de algún
otro personal de seguridad que me pudiera abrir la puerta para salir a la rampa
que me llevaba al automóvil. La única solución
era salir por la sala de Urgencias.
A estas alturas yo estaba realmente molesto
por esta serie de obstáculos que realmente dejan mucho que decir de la administración
de este recinto Hospitalario tan importante para personas como yo, por lo cual
decidí filmar mi salida del hospital sabiendo la ruta que me esperaba. A continuación el video.
Demás está decir lo frustrante que fue esta
experiencia para mí y puedo sin lugar a dudas decir que la única razón por la
cual pude hacer el recorrido de manera exitosa fue por mi incansable padre, con el que
gracias a Dios puedo contar y quien me empujaría hasta la cúspide del mismo Monte Everest si se
lo pidiera. Sin embargo, creo que
tenemos que mejorar mucho en el tema de la inclusión a las personas con
necesidades especiales, lo cual es una política de gobierno, debido a que existen
discapacitados que no cuentan con ayuda, los cuales sencillamente no podrían
acceder al Hospital a una visita.
Tengo que decir que el Sr. Ismael no me dijo
ninguna grosería, pero creo que la posición que ocupa excede su capacidad intelectual
por mucho. Un jefe de seguridad tiene
que velar por la misma y hacer que se cumpla.
El hecho de que yo tuviera que subir y bajar escaleras en una silla de
ruedas, arriesgando caerme, aparte de transitar por la parte de afuera del
Hospital a oscuras (por la calle) arriesgándome a un robo, es sencillamente una falta de seguridad.
Todos los ciudadanos tenemos derecho al libre tránsito
y más aún en una institución pública como el Nicolás A. Solano. Mientras estuve esperando a mi padre pude ver
a señoras en muletas bajando la larguísima escalera, adoloridas, sin ningún tipo
de ayuda. Esto es inaceptable y espero
que este post llegue a la persona adecuada para que se hagan los correctivos y ninguna
otra persona en silla de ruedas tenga que pasar por lo mismo.
Sinceramente,
Jesús Camilo Osorio Barahona
La Chorrera, 4 de enero de 2017, 2:44 am