El pasado mes de agosto me enteré de
que había sido nominado en la categoría de Mejor jugador de ajedrez con
discapacidad 2024-2026 para los Premios de Excelencia de la Federación
Internacional de Ajedrez. Sería algo así como los Globos de Oro del Ajedrez; y
ojo, que no digo los Premios Óscar, porque ya existe el Óscar del Ajedrez.
Esta nominación, que tristemente
pasó desapercibida para la Federación Panameña de Ajedrez, que no hizo ninguna
mención de la misma, me tomó por sorpresa, debido a que nunca pensé que mi
nombre estaría al lado de los grandes del deporte que más amo.
Mi categoría, por supuesto, incluía a los mejores trebejistas a nivel mundial con discapacidad, caras ya ampliamente conocidas de las competiciones que se han celebrado en Turquía 2019, Serbia 2023, Kazajistán 2025 y ahora en Uzbekistán 2026: Artom Andriienko, Jennitha Anto, Griffin McConnell, Jessica Lauser, Jamal Messala, WIM Natasha Morales Santos, MI Łukasz Nowak, Handenur Şahin, GM Marcin Tazbir y, por último, un servidor.
Las inmerecidas palabras que me
dedicaron en mi nominación me llenaron de emoción:
«Un respetado periodista de ajedrez, presentador de
televisión y defensor de causas sociales originario de Panamá. Osorio, quien
vive con osteogénesis imperfecta, ha utilizado la televisión, los medios de
comunicación y la divulgación pública para promover el ajedrez, la
concienciación sobre la discapacidad y la inclusión social, convirtiéndose en
uno de los embajadores más reconocidos del ajedrez accesible en América
Latina».
Saber que en el exterior valoran mi trabajo de esta forma es un premio por sí mismo.
Al final, el premio se lo llevó merecidamente el Maestro Internacional Łukasz Nowak, de Polonia; un titán sobre el tablero que lucha contra un diagnóstico que lo obliga a jugar en una posición incómoda, soportando largas horas de competición sin moverse. Perder el premio con un guerrero como él no es perder.
La Olimpiada en
Samarkanda
La competición en Uzbekistán fue muy
fuerte, como siempre. Tuvimos un pareo difícil durante la primera parte del
torneo, que nos enfrentó a Ucrania, Chile, Venezuela y Kirguistán: cuatro
países con una tradición ajedrecística muy superior a la nuestra y con un
soporte gubernamental muy superior al nuestro. Nosotros no contamos más que con
nosotros mismos y con el apoyo de la Confederación Americana de Ajedrez,
presidida por el Lic. José Carrillo, quien ininterrumpidamente ha apoyado a
nuestro equipo desde la primera Olimpiada que tuvimos la oportunidad de jugar.
Por mi parte, el Señor me permitió tener un buen resultado, con tres victorias, un empate y cero derrotas, siendo el primero del continente americano, pero quedándome a las puertas de la medalla de bronce, en mi sueño de volver a ganar una presea, como en la Copa Confederaciones de Ankara 2019.
No quiero terminar esta pequeña nota
sin antes agradecerles a mis compañeros de equipo: Elías Jiménez, Iliak Arias,
Aristóteles Quiel, Lizbeth Guevara y al Dr. Enrique Sánchez, quien veló por
nuestra salud para que jugáramos en la mejor condición posible.
La próxima oportunidad espero hacerlo mejor y seguir luchando por el mismo anhelo de siempre: lograr la gloria olímpica.






