martes, 20 de octubre de 2026

Anoche me gané el Miró…

Anoche me gané el Miró; aunque, si me preguntan, no estoy seguro de si fue anoche o hace nueve años, cuando terminé El club de ajedrez y decidí engavetarlo, como quien esconde a un hijo malportado.

Los jugadores de ajedrez, 1863, Honoré Daumier

Después, por ahí, en el camino, no me faltó quien me diera ánimos para sacar a la luz a aquel vástago secreto y darlo a conocer: un hijo malhablado, medio loco, desordenado, con algunos problemas y cuya única virtud era un amor descomedido por el ajedrez; ese jueguito que aprendí a falta de poder jugar cualquier otra cosa.

Pero fue anoche, después de algunos intentos, cuando me avisaron que mi hijo había encontrado a alguien que lo viera con buenos ojos y descubriera sus talentos, a pesar de sus faltas aparentes.

Me llamó, como a eso de las ocho, una dama que dijo ser la viceministra de Cultura y, después de eso, no pude terminar de escucharla: me puse a llorar. Lloré como si me hubiera ganado el Miró, ese que siempre perseguí, que siempre quise, que siempre esperé…

Le doy gracias al jurado, que escogió por unanimidad mi novela, por las palabras excesivamente generosas que le dedicaron a mis desvelos y mis cansancios.

¡Mil gracias!

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